En escenarios habitados por personajes sin rostro y naturalezas muertas, Sebastian, cuestiona la naturaleza del comportamiento y hábitos humanos. Partiendo de experiencias personales, cine, música y experiencias de vida de otras personas, construye escenas ambiguas que van desde lo absurdo, la intriga, lo cotidiano, la incertidumbre o el ritual. La ausencia de un rostro vuelve a cada personaje todos y al mismo tiempo nadie mientras que los objetos de cada bodegón se yuxtaponen creando conexiones inesperadas entre sí. Definidos como “personajes inusuales en situaciones inusuales”, cada escena pintada explora la naturaleza del comportamiento humano en el ámbito social, familiar, personal y espiritual a la manera de fotografías de un álbum familiar o fragmentos de una película que no termina nunca.