El amanecer de Ralf Walter a la vida no fue en un paraíso. Al contrario: abrió los ojos en su natal Dessau a mediados de un convulso siglo XX durante los últimos años de la guerra en Alemania del Este; y creció rodeado de tanques de guerra, de un mundo de destrucción. Para salir de ese mundo Ralf tuvo que descubrir otros mundos, mucho más allá de sus fronteras.
Así inició una aventura sin tregua que signó la primera parte de su vida, en los escenarios más distantes y extremos, en los cuales transitaba entre Ciénegas, cúspides, desiertos y pueblos tropicales: Escandinavia, Afganistán, África del norte, África subsahariana y entre otros finalmente México, donde al cabo de años y periplos y tras larga travesía ancló sus naves en Chicxulub, rincón cálido y pleno de sol, en la costa del sureste.
Por eso Ralf Walter se describe como un aventurero, porque ese viajar hacia lo desconocido y lo inhóspito, hacia lo sorprendente, era una forma de probarse, vez a vez, a sí mismo. Una manera de medir sus propias fuerzas en esos recorridos y peregrinajes por los más diversos parajes del planeta hasta forjar en su persona, a través de una profusión de experiencias, una identidad de sello indiscutible siempre reflejada en su abundante y característica producción pictórica.
Sin embargo, Ralf no trabaja procurando un estilo. “Pienso que es una forma de encarcelarse” revela. Y aunque quienes conocen su obra reconocen rasgos comunes en la materialización de su trabajo, cada vez su propuesta se renueva y sus formas de expresión plástica continúan la exploración de nuevos lenguajes. Es decir, la aventura sigue.
Y claro, el viaje deviene interminable, hasta ser una perenne forma de reinvención y de renacimiento. Una catarsis en su concepto originario y aristotélico: la purificación después de la purga.
Así, la colección Katharsis que hoy presenta el maestro Ralf y cuya selección y concepto fue concebida en estrecho diálogo con la Galería Secreta, lleva en su esencia la aventura de la reinvención, del ser y volver a ser. Cada pieza despliega en su interior un proceso complejo donde la superficie es cubierta de marcas, cruces, brochazos intensos, áreas densas de color absoluto, líneas punteadas, surcos, tachones, drippings, nuevas formas sobre trazas de antiguos colores, en fin, elementos todos que se conjugan en la composición y con notable impronta de collage, en la intrincada conjunción de colores que elige para cada pieza: unas plenas de magentas y azules surcadas de marcas negras a manera de fronteras entre elementos; otras con formas de naranjas y robustos rojos que se intercalan con segmentos de rosa y violeta; por aquí un remolino centrífugo; por allá un enrejado, una flecha, una sombra.
En suma, los cuadros de esta Katharsis pueden ser disímbolos entre sí y unas veces más sueltos y libres, más alegres, más tristes o sombríos, más trágicos o incluso violentos, a manera de desplazamientos temperamentales entre estados de ánimo: Aquí no hay evolución sino “saltos” como en la física cuántica, en un sendero hacia lo impredecible, donde se contrapesan el principio científico llamado de incertidumbre (no saber lo que sigue) y la apuesta del autor en toda una vida de búsqueda por inclinar la balanza en cada obra hacia un orden deseable –y aún utópico– en un mundo regido por el caos.-
María Teresa Mézquita Méndez
Noviembre 2023
Sede: Galería Secreta