"Diálogos: Pluralidad, identidad, sociedad"

Pablo Llana, Alexa Torre

Aquello a lo que llamamos identidad se nos presenta como una entidad escurridiza y juguetona; una figura misteriosa y casi inocente que corre entre las calles, monumentos, mercados, que se mete a los ríos y entra a casa con los zapatos llenos de lodo: tierra que alguna vez nadó libre y ahora, entre cadenas, muere de sed. Nunca la vemos, solo queda el rastro de sus huellas secas a seguir.

En esta fraccionada e individualizante modernidad, resulta poco clara la identificación de aquellos elementos que nos otorgan señas distintivas. Ante el proceso de globalización, ¿Cómo se configura aquello que sentimos cercano y particular? No es fácil reconocer, en la masa, cómo eran los ingredientes antes de ser mezclados, homogeneizados, revueltos. ¿Qué se puede resguardar como insigne ante la tragedia, la intolerancia y la crueldad normalizada?

¿Qué vale la pena defender?

¿El agua,

el territorio,

el cuerpo,

el género,

la cultura,

la región explotada,

la biodiversidad,

la nación patriarcal,

la construcción familiar,

la idea de Dios,

el pensamiento colonialista,

la basura,

los recuerdos?

 la Libertad

Para aclarar la duda, como primera instancia de ayuda, acudiremos a la historia. No será suficiente. No lo será porque el vacío en el estómago no queda saciado con verdades institucionales e historias tergiversadas; busca alimento en aquello que aún nos es desconocido.

Como segunda instancia recurriremos a la tradición, porque el ritual sostiene la memoria viva y es fuelle que alimenta el fuego de la creación; creación que será el puente entre el pasado, los desarrollos del presente y los posibles futuros. Finalmente, el tercer baluarte al cual recurrir será la desigualdad. Entonces aparecerá en el horizonte un faro que arroje luz sobre los cruzamientos, mestizajes y pluralidades que demanda el acercamiento a los tejidos que conforman las estructuras en las que nos ubicamos y desde las que nos reconocemos. Dar lugar a la heterogeneidad implica la admisión del “otro”, y sin el “otro” no hay “yo”. 

La presente muestra parte del ejercicio de dar paso al cuestionamiento conjunto y colectivo, en un esfuerzo por recuperar la sensación de comunidad perdida y desplazar las sombras gestadas en una realidad llena de sangre y crueldad. Abramos paso a la reconfiguración de estructuras, a relaciones de correspondencia, lugares comunes lejanos de los engaños del ego y cercanos al territorio de la imaginación compartida. Será desde esta posición que resulte posible cuestionar qué es lo importante y ensamblar discursos identitarios abiertos, mutantes, críticos, que pongan en conversación lo inefable y las partes aún no escritas del mundo.

Adriana Jiménez Marín

Octubre, 2024

Sede: Galería Secreta