Gabriel Ramírez Aznar (Mérida,1938) formó parte del fenómeno polifónico iniciado en la década de los cincuenta, hoy reconocido como la Generación de la Ruptura. Un torbellino de voces autónomas de jóvenes artistas que arrasó con la ruta única impuesta por la Escuela Mexicana, abriendo paso a una liberación ideológica sobre las distintas maneras de entender y desarrollar el arte en nuestro país. Despojando a la pintura de su misión propagandística, formalista e incluso representativa, las manifestaciones artísticas pudieron dirigirse hacia distintos caminos como seres independientes; plantearse nuevas preguntas y explorar los mundos interiores de los propios artistas en completa libertad.
Pintor autodidacta desde el año 1959, e iniciando su carrera en la Galería Juan Martín en el ’65 con su primera exposición individual, Gabriel Ramírez conformó la primera línea de artistas que buscarían ejercer esta libertad. Aquella que sólo puede ofrecer la pintura. Donde el oficio puede volverse código, materia y lenguaje por sí mismo. Una voz que logra hablarnos sin recurrir a ningún simulacro, sin ceñirse a regla alguna, más que la del acto pictórico como fin último. Desde entonces, esa se ha vuelto su consigna. Su vasta obra así lo demuestra. Gabriel nos habla del individuo y de la vida, él es su propia voz.
“Algo en el sol” nos ofrece el panorama actual de un artista que sigue nutriéndose de la pulsión vital que habita en la pintura tras 65 años de trayectoria. Lo hace como sólo quien ha vivido y pintado tanto bajo la luz del cielo yucateco puede hacerlo. Como quien ha probado de su dulce miel, pero que también conoce su ironía, su cinismo, el hedor de la sangre de su plaza de toros, su calor abrasivo y su selva inhóspita. Con una intensidad cromática que hiere con una luz de amarillos insólitos. A veces afiladas astillas, iguales a reflejos que salpican entre las copas de los árboles; o campos enteros de ese amarillo brutal que envuelve el espacio, cegándonos de lleno. Como si después de contemplar esa luz absoluta, ese color puro aplicado de manera violenta entre abstracciones de paisajes y personajes que pueblan su imaginario, ya no hubiese marcha atrás. Como si uno viera por primera vez las cosas con un filtro distinto, el de la mirada de Gabriel Ramírez.
Hay algo en el sol de esta Península. Algo que vive también en la pintura de Gabriel, convirtiendo su inmensa y prolífica obra en un plano secuencia infinito. Una historia que no cesa de escribirse.
Samia Farah (curadora y museógrafa de la muestra)
Febrero, 2025
Sede: Galería 526